Para todos los que han perdido un hijo antes de nacer, por causa natural o provocada. La Iglesia confía con esperanza a estos niños y niñas al Padre misericordioso (ver Evangelium Vitae 99, S. Juan Pablo II). Lo haremos con la celebración de una Eucaristía en una fiesta especial: la de la la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Como Iglesia, les acogemos y oramos por ellos y por sus padres, para que Jesús, que hace nuevas todas las cosas, les conceda reunirse un día en el Cielo.
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